El estilo del escritor, Trucos de corrección

Qué frena el ritmo de tu relato – Expresiones chicle

¡Saludos, malabarista de palabras!

Crees que tu historia está perfecta. Después de sudar sangre y lágrimas para ponerla en el papel y un sufrir el eterno proceso de edición, corrección y revisión, crees que ya está pulida y lista para ver la luz, ¿verdad? Mentira.

Puede que el autocorrector ya no te subraye ninguna palabra, que hayas cortado todas las frases y términos que considerabas innecesarios, que hayas eliminado las redundancias y saneado las repeticiones. Pero tu texto no está listo. Todavía te quedan las expresiones más insidiosas de todas, esas que se esconden en el texto camufladas como lobo bajo piel de cordero gracias a la capa invisible de «correctas» con las que las tiñeron en la escuela. ¿Sabes ya de qué mal bicho estoy hablando?

En efecto, de los conectores. O, como a mí me gusta llamar a estas malas hierbas: expresiones chicle.

expresiones moco chicle niño estira zoom

Sabroso, jugoso y pegajoso. Como se te enrede en el pelo no habrá quien lo desenrede. ¡Ñam!

 

Sí, sí, ya lo sé. Los conectores te los enseñaron en el colegio y son el pegamento que une las diferentes partes de una frase. Tu profesora de lengua te obligaba a usarlos en tus redacciones y tu profesor de inglés te mandaba ponerlos al principio de cada oración, y siempre seguidos de una coma (que no sé por qué ahora en español también hay que ponerles la coma si antes nunca se hizo. Será que me hago vieja y las normas de la gramática cambian ante mis ojos, como les pasó a mis abuelos antes que a mí. O eso, o el corrector de Word es muy bromista y disfruta de tomarme el pelo haciendo calcos del inglés. O ¿quizá me salté esa clase de lengua…? Anael, céntrate, por favor).

Bueno, a lo que iba. Los conectores son el pegamento. Y tanto, como que desde que te los enseñan ya no hay quien se deshaga de ellos. Son como un chicle pegajoso que se nos incrusta en el cerebro, y desde el momento en que los aprendemos no hay forma de despegarlos. Y tienen su utilidad, no te lo voy a negar. Pocas cosas son más útiles que los conectores cuando tienes que elaborar pensamientos complejos y conectar ideas en un texto académico. Sí, ese adjetivo es importante. «Académico».

Porque resulta que en el colegio es lo único que te enseñan a redactar: textos académicos. ¿O es que a ti te enseñaron a elaborar la trama de una historia, el arco de un personaje o la utilidad del punto para manejar el ritmo de una escena en una clase de lengua? Porque a mí no (y si tu profesora lo hizo, preséntamela. Esa persona se merece un monumento).

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Dulces, coloridas y fáciles de usar. Si es que estas expresiones son muy golosas… salvo cuando se le quedan pegadas al lector en el pie.

 

¿Por qué las llamo «expresiones» y no «palabras»? Porque todo tiene término medio, y necesitamos el pegamento. Los conectores que solo se componen de una palabra son necesarios y pasan más desapercibidos (como siempre, hay excepciones que confirman la regla, como suelen ser los adverbios y mi querido amigo «pues», pero esa es mi batalla particular). Son las expresiones las que, al tener mayor extensión, ralentizan la lectura de forma innecesaria. Son más palabras, así que me lleva más tiempo leerlas. Tan sencillo como eso.

«Ya que», «así que», «por lo que», «así y todo», «así mismo», etc. La mayoría de historias que leo están plagadas de estas expresiones chicle, que pegan una parte de la frase con la otra de forma artificial y palpable. No es un error. Pero tampoco es un acierto. Y en un mundo tan competitivo como es el editorial, los escritores que aspiramos a publicar algún día solo podemos permitirnos aciertos.

¿Qué pasa con estas expresiones? Que, cuando te cruzas con ellas en una historia, suponen un obstáculo. Se pegan «como un chicle» y frenan el ritmo de lectura, provocando que el avance sea más lento de forma innecesaria. Llaman la atención sobre sí mismas y distraen de la experiencia inmersiva que debería ser la lectura.

Si la escena es lenta, mi editor interno se vuelve un poco más flexible, porque, al fin y al cabo, las frases suelen ser largas para adecuar el ritmo del fraseo al de la escena, y entiendo que se necesite alguna de estas expresiones como pegamento (¿lo has visto? ¿lo has visto? Ya se me ha pegado una de ellas). Pero cuando me las cruzo en una escena de acción, en la que todo deberían ser puntos y verbos potentes para provocar un ritmo frenético, me surge una especie de urticaria lectora.

No lo percibo mucho al principio, pero a la tercera expresión seguida el texto se vuelve infantil y modular, como si lo hubiera escrito un niño que ensambla mal las piezas de lego y no ha seguido las instrucciones del manual… porque muchas veces, justificamos nuestro uso de expresiones chicle en frases demasiado largas que se dedican a ignorar el orden normativo de la frase y las reglas de la puntuación. Y una especie de furia antigua se despierta en mí cuando los veo combinados entre sí para crear todavía un monstruo peor: «entonces fue cuando», «por lo que cuando», «pues entonces», «pues fue entonces cuando», «fue al + infinitivo», «fue entonces que», etc.

expresiones moco chicle pegado zapato zoom

«Carlos agradeció el sol que calentaba su piel y entonces fue cuando vio…». Vaya, ¿qué es esto? Ya se me ha pegado otro chicle.

 

Y ahora que ya te he convencido (¿de verdad? No sabes lo feliz que me haces) de lo malas que son las expresiones chicle, te estarás preguntando cómo puedes cribarlas de tu texto. Es muy sencillo. Cada vez que te cruces con una tienes varias opciones:

  1. Cambiarla por un punto y seguido, seguido del sujeto que lleva a cabo la siguiente acción. Deja respirar al lector.
  2. Cambiarla por coma y nexo, seguidos del sujeto que lleva a cabo la siguiente acción.
  3. Cambiarla por un conector sencillo (de una sola palabra).
  4. Reordenar la frase para que siga el orden normativo y poner puntos donde corresponda.
  5. Dejarla donde está. Alguna expresión chicle de vez en cuando no va a arruinar tu manuscrito (pero, por favor, ¡sácalas de todas las escenas a las que quieras dar un ritmo rápido! Acción, diálogos y escenas de transición sufren especialmente con estas expresiones).

Ejemplo (si lo lees en voz alta seguro que notas más el cambio):

Christian cogió la espada y trató de defenderse, interponiéndola entre su cuerpo y el arma de su enemigo. Su oponente gritó de rabia y lanzó un mandoble contra su cabeza, y fue entonces cuando el joven sintió que algo salía de su interior y se interponía entre los dos: una barrera transparente se alzaba ante él y lo protegía de su enemigo. La tocó, perplejo, y la pared invisible no se movió, así que Christian dio media vuelta y salió corriendo, agarrando la espada como si le fuera la vida en ello. No entendía qué estaba pasando, pero tenía que poner tierra de por medio mientras pudiera, porque no sabía cuánto tiempo iba a durar su escudo. Más valía aprovechar la ventaja.
Anael, 122 palabras.

Reducción de expresiones chicle:

Christian cogió la espada y trató de defenderse, interponiéndola entre su cuerpo y el arma de su enemigo. Su oponente gritó de rabia y lanzó un mandoble contra su cabeza.
El joven sintió que algo salía de su interior y se interponía entre los dos: una barrera transparente se alzaba ante él y lo protegía de su enemigo. La tocó, perplejo, y la pared invisible no se movió. Christian dio media vuelta y salió corriendo. Agarraba la espada como si le fuera la vida en ello. No entendía qué estaba pasando, pero tenía que poner tierra de por medio mientras pudiera. No sabía cuánto tiempo iba a durar su escudo. Más valía aprovechar la ventaja.
Anael, 115 palabras.

 

¿Lo notas? ¿Ves cómo la lectura fluye de una forma distinta? Esta suele ser la diferencia entre un primer borrador y un texto revisado. Y eso que solo hemos eliminado las expresiones chicle (el segundo texto tiene algún que otro problemilla, pero eso es materia para otros artículos).

Y tú ¿crees que el exceso de conectores entorpece la lectura inmersiva? ¿O sientes que su función de pegamento ayuda a expresar ideas que no podrías transmitir de otra manera? ¿Te gusta conectarlo todo con palabras y crear frases kilométricas? ¿O prefieres que los signos de puntuación hablen por sí solos y digan lo que tú no puedes expresar por mucho que las frases se enlacen en una retahíla eterna de significados? Cuéntamelo en los comentarios.

Y esto es todo por hoy. Te deseo inspiración en tus historias, buena pluma para escribirlas y sabias tijeras para pulirlas. Hasta pronto, alma curiosa.

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12 comentarios en “Qué frena el ritmo de tu relato – Expresiones chicle”

  1. ¡Hola! Descubrí este sitio ayer y me pareció interesante este tema. Confieso que hay libros que he dejado a la mitad porque me cansé de leer tantas frases innecesarias. Ni hablar cuando hay que traducir algún libro al inglés y hay que eliminar algunas porque quedan muy muy mal.

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    1. ¡Hola, englishvirtualpub!

      Una vez conoces estas expresiones empiezas a verlas por doquier, y a mí llega un punto en el que me enfadan. Con lo potente que es la literatura sin palabras vacías.

      Me llama la atención lo que mencionas de las traducciones, no había pensado en ello… Es posible que de traducciones hechas con prisas (de las que no culpo tanto a los traductores como a las editoriales que a veces ponen plazos imposibles para traducir y revisar) haya contagio de expresiones inglesas que no sirven en español y unas cuantas expresiones chicle surjan de ahí.

      Me alegra que te interese el tema, cuanta más conciencia, más fácil es sacar las tijeras 😉

      ¡Gracias por comentar, un abrazo!

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  2. Hola, Anael. Acabo de descubrir tu blog gracias a Literautas. Me he pasado a leer este artículo, pues habías dejado el enlace. Soy de las que usa alguna que otra expresión chicle. Debo decir, sin embargo, que creo que en mis comienzos era todavía más habitual que los usase. Como dices no es fácil corregirse a una misma y ver los fallos que tiene tu bebé. Luego eso se junta con la pena por cortar y… ya tú sabeh. Menos mal que con el tiempo y gracias a sabios consejos como el que aquí nos proporcionas una va empezando a abrir los ojos y comprender lo mucho que todavía le queda por aprender.

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    1. ¡Hola, Frida!
      Yo las uso bastante en textos académicos, y en los narrativos me permito “chiclear”en el primer borrador para luego sacar tijera en la fase de corrección.
      Comprendo perfectamente el dolor de las tijeras.
      Me alegra que te sea útil el artículo 😀
      ¡Un abrazo!

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  3. Hola Anael,

    He leído tu post en Literautas y tus sabios consejos me han traído hasta aquí.

    Deseo, quiero, necesito aprender más y más. Creo que éste puede ser un buen lugar para hacerlo y bucearé en él para mejorar mi estilo y mi técnica.

    Me ha encantado el tono irónico para explicar las expresiones chicle. Espero mascar bien las oraciones y no quedarme pegado a ninguna.

    Gracias por compartir tu sabiduría.

    Alex.

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    1. ¡Hola, Alex!
      Qué ilusión que elijas esta humilde esquina para aprender, cada día peleo para subir contenido de calidad que no encuentro en otros sitios. Espero que te sea útil.
      Ya que lo sacas a relucir, te cuento un secreto sobre el tono irónico: al principio me pasé y las bauticé como expresiones moco, pero las imágenes de google no eran muy agradables, así que me decanté por chicle, jejeje.
      ¡Un abrazo, gracias a ti por comentar!

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  4. Hola Anael, muchas gracias por escribir esta página tan buena.
    Son muy claras tus explicaciones, ahora trataré de ponerlas en práctica para mejorar mistrabajos.
    Muchas gracias.

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