El estilo del escritor

El ingrediente invisible – La voz

¡Saludos, malabarista de palabras!

Cuando los escritores y los editores (culpable) hablamos sobre libros y literatura, solemos utilizar algunos términos misteriosos que desquician a cualquier escritor novel que aspira a publicar algún día.

Muchas veces hablamos de cosas que tienen sentido (espero que la mayoría), y otras pasamos a un terreno en el que todo cobra un tinte esotérico, surrealista, casi mágico.

Hay un término que me sacaba especialmente de mis casillas antes de empezar mi formación como editora, un término vago que nadie (ni antes ni después de formarse) sabe definir muy bien: la voz de un texto.

¿Qué es la voz? La voz es esa cualidad indefinible que hace que un texto te hable, te atrape, te agarre por el cuello y no te suelte hasta que hayas terminado de leer (o suene la alarma antiincendios de tu casa porque se te ha quemado lo que estabas cocinando gracias a que te has vuelto a quedar enganchada leyendo).

Lo he intentado, pero quien avisa no es traidor. Nadie sabe definir bien lo que es la voz. Pero yo no vengo aquí a definir nada. Vengo con la esperanza de mostrarte qué es la voz, para que sepas distinguir los textos que la tienen de los que no, y para que, con suerte, consigas aplicar lo aprendido a tus historias y las dotes de esa esencia que solo tú tienes y puedes transmitir.

Mira estos dos textos:

A.
Suena la alarma del despertador. Una mano torpe machaca el botón de apagar y aparta las sábanas de su cuerpo a regañadientes. Isabel lanza un suspiro resignado y se levanta de la cama para afrontar otro día más.
Se dirige al baño y agarra el cepillo para desenredar los nudos antes de lavarse el pelo, pues si no lo hace ahora que está seco todo será más complicado. Sus ojos cansados se centran en el reflejo que le devuelve la superficie del espejo. La niña que tiene enfrente tiene unos quince años. Tiene el pelo largo y castaño, los ojos verdes y la nariz chata. Sus mejillas son pecosas y tiene unos pómulos altos y finos. Es una de las chicas más altas de su clase, pero en todo lo demás se considera una chica normal. Casi se atrevería a calificarla de vulgar. Por suerte en su clase hay dos o tres chicas que considera más feas que ella. No soportaría ser la chica más fea del aula.
Anael, 168 palabras.
B.
Esta historia empieza por el final. Y no por un final cualquiera: por un final infeliz. Un final en el que nadie come perdices. Un final de esos que nadie quiere recordar, que se convierte en una mancha borrosa que todo el mundo finge no ver. Un final relleno de palabras aplastadas por secretos. Palabras aplastadas por palabras. Y por silencios.
Cuando el cuento acabó, la reina se marchó; sin brujas, ni hechizos, ni maldiciones. Se fue porque sí, se fue sin más. Murió con tierra de por medio en lugar de con tierra sobre ella. Las preposiciones también importan. Los cuatro hijos, la hija y el rey murieron también. Muertos en vida, de por vida, entre vida. Las sombras se cernieron sobre ellos. Estaban desolados.
Se fueron los cuentos.
Se fueron los besos. Y los abrazos. Y las sonrisas.
Se fue el amor.
Se fue una parte de ellos que jamás volvieron a recuperar.
Les robaron, y el seguro no los indemnizó porque solo cubría las paredes de aquella casa.
Nadie restituyó sus corazones en ruinas.
Siempre será diciembre, Cap. 1, Wendy Davies, 171 palabras.

¿Cuál de los dos textos dirías que tiene voz? ¿Cuál te engancha, te atrapa y te invita a seguir leyendo? En mi caso es el segundo, sin lugar a dudas.

Ambos textos tienen una extensión similar, y sin embargo nos hablan de una forma completamente distinta.

El primero parece ofrecer una historia convencional sobre una chica convencional que ya hemos leído demasiadas veces: suena el despertador, alguien se levanta y se le describe porque se mira al espejo. Yo misma utilizaba este mismo recurso con 17 años.

El segundo, sin embargo, tiene un sello personal del autor, un distintivo, una invitación a sumergirte entre sus páginas a descubrir algo nuevo: tiene voz. Podría ser la misma historia de reyes y reinas de siempre (no te voy a decir si lo es, porque no es en lo que consiste el ejercicio. Puedes buscar el libro en internet si quieres), pero solo la forma en que está narrado te promete que hay algo nuevo en él, porque el modo en la que te están introduciendo el libro es distinto a otros y la manera en que parece que van a contar la historia promete ser diferente, única, propia del autor que ha escrito esa historia y de nadie más.

Otro ejemplo:

A.
Intento mantener la cabeza alta cuando me dirijo hacia tu lápida. No hay ni una nube en el cielo y me tambaleo al sentir el peso de las miradas atravesándome mientras avanzo por el camino de tierra. El cuerpo me pesa. El aire es cálido y pegajoso. Respiro hondo y me detengo a observar la masa negruzca de lágrimas alrededor de lo que solías ser tú.
Estoy un poco borracho, he tenido que beberme tus cervezas y las mías. No debería estar en tu entierro, pero aquí estoy. Continúo mirando a todos los que te lloran. Son muchos, tío. Si estuvieras aquí, probablemente te reirías de ellos por llorar por algo que no se puede cambiar. Tú nunca perdías el tiempo; quizá viviste demasiado rápido, quizá lo agotaste todo.
Siempre será diciembre, Cap. 2, Wendy Davies, 129 palabras.
B.
Christian cogió la espada que había en el suelo y trató de defenderse interponiéndola hábilmente entre su cuerpo y el arma de su enemigo. Su oponente gritó de rabia y lanzó un violento mandoble contra su cabeza, y fue entonces cuando Christian sintió que algo salía de sí y se interponía entre los dos. Christian vio una barrera transparente que se alzaba ante él y lo protegía de su enemigo. La tocó y esta no se movió, así que Christian dio media vuelta y salió corriendo rápidamente, agarrando la espada como si le fuera la vida en ello. No entendía qué estaba pasando, solo que tenía que poner tierra de por medio mientras pudiera, porque no sabía cuánto tiempo iba a durar su escudo. Más valía aprovechar la ventaja.
Anael, 129 palabras.

¿Cuál de los dos textos te engancha más y te mete de lleno en la mente del personaje?

En mi caso es el primero. El texto está limpio y no encuentro palabra que me distraiga. Es un texto pulido en el que todo tiene un propósito y que transmite de forma directa personaje (lo que ve, lo que lo rodea, lo que siente) y situación, para meter al lector en la historia sin filtros.

El segundo, a pesar de ser correcto ortográfica y gramaticalmente, tiene demasiados obstáculos para que el lector entre de lleno en la lectura: tiene conectores, adverbios y palabras repetidas, expresiones redundantes, demasiados gerundios y frases largas… todo ello frena el ritmo de la lectura y añade palabras innecesarias que ralentizan la escena. No consigue transmitir quién es el personaje ni nos da pistas sobre su personalidad, solo relata una secuencia de acciones. Y tiene la misma cantidad de palabras que el primer texto.

Y ahora me dirás: «Todo esto está muy bien, pero ¿qué hago yo para que mi texto tenga voz?».

Pues bien, tienes que buscarla. ¿Cómo? Escribiendo. Tienes que encontrar tu voz como escritor. Tienes que encontrar esa forma de ver el mundo que te hace único y te distingue de los demás. Hay autores que hacen esto acercándose al lenguaje de forma más poética, autores que tiran por la ironía, el humor…

Pregúntate, ¿cuáles son tus tendencias a la hora de escribir? ¿Tiendes a buscar las metáforas cuando relatas hechos? ¿Eres más de hacer el chiste y buscar el lado positivo de cada situación? Quizá eres de los que entretienen al narrador en momentos de reflexión. ¿O prefieres narrar a través del diálogo, haciendo que tus personajes lo digan todo? Cuéntamelo en los comentarios.

Para descubrir tu voz tienes que escribir y corregir tus textos de forma inflexible, librarlos de todo lo innecesario hasta dejarlos en meros esqueletos, para lo que quede de ellos sea la esencia: tu voz. Esa es la forma de encontrar tu estilo y tu sello personal.

Y esto es todo por hoy. Te deseo inspiración en tus historias, buena pluma para escribirlas y sabias tijeras para pulirlas. Hasta pronto, alma curiosa.

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5 comentarios en “El ingrediente invisible – La voz”

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